lunes, 29 de junio de 2026

 El arquetipo del mal



A menudo, se utiliza este concepto para alienar a las personas de su verdadera naturaleza. Es innegable que el ser humano está compuesto por ambas polaridades, tal como lo afirman conocimientos milenarios y herméticos. Sin embargo, se insiste en que una persona solo puede ser buena o mala, empleando el argumento con fines velados de que el mal es obra de un demonio cuyo reino guarda a quien no obedece a su dios. Esto es, en sí mismo, contradictorio, ya que, en teoría, ese demonio debería premiar a quienes desobedecen a su creador, siendo ambos contrarios. Es el concepto de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo".

El bien y el mal habitan en el ser humano, pero muchos solo desean identificarse con el bien por temor a un castigo divino, lo que crea un desequilibrio en sus energías. No se trata de hacer el mal para equilibrar la balanza, sino de reconocer que también tenemos un lado oscuro y trabajar en él, conociéndolo, gestionándolo e integrándolo, como un lado plenamente valido.

El mal se acrecienta porque es una energía reprimida dentro de nosotros, y eso es lo que, al final del día, terminamos proyectando en los demás a través del odio desmedido que creemos sentir por el otro. Nadie puede dar lo que no tiene, así que si proyectamos odio hacia un supuesto enemigo, es porque de eso está nuestro corazón lleno.

Todo es energía, y tanto el mal como el bien que habitan en nosotros también lo son. Al reprimir nuestra parte oscura por miedo, la energizamos, haciendo que crezca y se vuelva en nuestra contra. Por eso, quienes manipulan los sistemas usan esto, creando arquetipos del mal para que proyectemos esa energía reprimida sobre un enemigo ficticio; de esta manera, se ataca a enemigos que resultan incómodos al sistema.

Así es como se redirige la energía creadora del ser humano para crear un ambiente de caos y miseria, donde aquellos que lo promueven son expertos en manejar ese caos. Es a través del miedo y la violencia que ellos prosperan, mientras los simples mortales nos encogemos de hombros, permitiendo que llenen sus bolsillos cada vez más. No somos víctimas, somos cómplices por ignorancia, por nuestro desinterés en la importancia de conocernos a nosotros mismos.


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