Caótico
pero racional
Las contradicciones y lo cotidiano
La
consciencia nos otorga el don de observar un mismo hecho desde innumerables
perspectivas. Nos alineamos con ciertos pensamientos, mientras que otros
gravitan hacia ideas contrarias. Lo que para uno es verdad, para otro puede
parecer absurdo, y viceversa. Esta habilidad de percibir y comprender la
diversidad de pensamientos es lo que nos permite adentrarnos en la complejidad
de la experiencia humana, revelando cómo nuestras percepciones y creencias no
solo moldean nuestra realidad, sino también nuestras relaciones con los demás.
Hay
principios que son iguales para todos, sin importar en qué sitio se haya nacido
y cómo se ha transitado la vida. Aun así, cada quien desarrolla una forma
particular de comprensión sobre los acontecimientos.
La
teoría aquí tiene que ver con los diferentes niveles de consciencia del ser
humano y que posiblemente sean la causa de estas contradicciones. Estas
contradicciones, en muchos casos, también suelen enriquecer el conocimiento,
puesto que tener puntos de vista contrarios es algo que le da mucho colorido a
la vida.
¿Cómo
podemos evaluar los diferentes niveles de consciencia en los seres humanos,
cuando esta reside en un plano profundamente subjetivo? No existe, al menos en
términos oficiales, una manera clara y universalmente aceptada de medirla.
Incluso, basarnos en el nivel académico de quienes opinan, resulta
problemático, ya que la academia suele formar a las personas para
especializarse en aspectos específicos del quehacer humano, lo cual no
necesariamente valida una opinión más allá de su campo de experticia. La consciencia,
por su propia naturaleza, trasciende el conocimiento técnico, y su evaluación
no puede limitarse a las credenciales académicas, sino que requiere una
comprensión más holística y abierta a la diversidad de experiencias humanas.
Se trata
de buscar mucho más allá de la caja las posibles respuestas, o por lo menos
hipótesis que se puedan considerar como prueba de que la lógica de lo absurdo
tiene más que ver con el nivel de consciencia que con cualquier otro parámetro
de nuestras vidas.
Este
tema se enfoca en descubrir de qué manera, como humanidad, hemos logrado
desenvolvernos y progresar, a pesar de vivir inmersos en una maraña de
contradicciones que se manifiestan en nuestras vidas sin que las advirtamos,
aceptándolas como normales. De hecho, a menudo no sentimos la necesidad de ser
coherentes, y dejamos pasar el momento en que una incoherencia surge, sin darle
la debida atención.
Tal vez
esto ya haya sido analizado por eruditos, seguramente desde una perspectiva
académica, estudios y pruebas rigurosas que permiten ser entendidas y tomadas
como verdades incuestionables. Pero yo quiero analizarlo desde el punto de
vista y la vivencia del ser humano común y corriente, que ejerce su derecho a
pensar y asume el riesgo de ser objeto de burla por parte de aquellos expertos
que creen tener el derecho de marcarnos el rumbo.
Es un
hecho concreto que, a lo largo de los años, siempre nos han dicho cómo debemos
pensar y en lo que debemos creer. Por supuesto, cuando tenemos una duda,
recurrimos a los expertos; eso es lo racional. Sin embargo, hay temas como este
que de vez en cuando comienzan a hacer eco en nuestras mentes y se presentan en
nuestra pantalla de proyección constantemente. Es como algo que siempre ha
estado allí, pero que no éramos conscientes.
La
curiosidad por investigar en nosotros mismos nuestros niveles de incoherencia y
su aceptación proviene de lo leído en los libros de Jacobo Grinberg-Zylberbaum,
donde él narra su experiencia con una chamana mexicana llamada Bárbara
Guerrero, conocida como “Pachita”. En uno de sus escritos, revela que fue
testigo de cómo esta chamana materializaba cosas prácticamente del aire, sin
que mediara absolutamente nada que pudiéramos llamar material entre sus manos,
antes de la aparición del órgano que “Pachita” reemplazaba en las personas que
la buscaban para una cura.
Jacobo
Grinberg-Zylberbaum ofrece una explicación científica para este fenómeno al
proponer que lo que consideramos como espacio vacío no es realmente vacío.
Según él, el espacio está lleno de una materia que no podemos percibir debido a
nuestro limitado nivel de consciencia. Este nivel, está condicionado por
nuestra capacidad para mantener coherencia en nuestras percepciones y
creencias. En otras palabras, nuestra percepción del vacío está influenciada
por nuestros patrones de pensamiento y entendimiento del mundo, que en última
instancia limitan nuestra capacidad para ver y entender realidades más allá de
lo que podemos observar directamente.
La
teoría del no-espacio vacío de Grinberg-Zylberbaum también está apoyada por la
llamada teoría de cuerdas y la teoría de las serpientes. Para entenderlo mejor,
lo que llamamos espacios vacíos contiene una energía en forma de cuerdas o
serpientes en estado puro. Dado que el universo en el que vivimos es
fractalizado, es decir, que cada uno de los espacios que existen en este
universo tiene la misma composición hasta en su ínfimo espacio, se entiende que
la misma energía que está en el macro universo está en el micro.
Una gota
de agua salada contiene los mismos componentes que el océano, pero obviamente
no es la totalidad del océano. De igual manera, en una pequeña porción de
nuestra piel se puede obtener muestras de nuestro ADN, pero obviamente no es
todo nuestro cuerpo. Esta es más o menos la explicación de lo que se entiende
por fractal. Entonces, debemos entender, dado que en cualquier espacio se
encuentran todas las características del macro universo, se deriva que la misma
energía está imprimiéndolo todo, rodeándolo todo y componiéndolo todo.
Esto no
se trata de alcanzar elevados niveles de coherencia para hacer lo que hacía la
chamana mexicana o tener la comprensión del Dr. Grinberg. Se trata de entender
que elevados niveles de coherencia nos van a conducir hacia la comprensión de
por qué aceptamos tantas contradicciones como hechos racionales. Por citar un
ejemplo, aquellos que hablan de paz promoviendo la guerra y la violencia como
único medio para alcanzarla. Incluso a ellos se les puede entender, pero ¿cómo
entender a los millones de seres humanos que los apoyan, los idolatran y creen
ciegamente en esos argumentos? ¿Qué hace que una persona no vea tamaña
incoherencia en esos enunciados?
Es a
través de la coherencia en nuestras mentes y conciencia que podemos tener un
mejor entendimiento y explicación de por qué vivimos en una realidad tan
caótica, en una sociedad erosionada y explosiva, dogmatizada por la carencia,
cuando al mismo tiempo estamos en un lugar extremadamente abundante en todo
sentido. ¿Qué hace que vivamos en una gran necesidad cuando lo tenemos
absolutamente todo?
Lo
reitero, este es un ejercicio, si se quiere, de pensamiento libre, donde no
haya injerencia desde la experticia, que siempre tiende a encerrarlo todo
dentro de elaborados conceptos que, por su mismo peso, son aceptados sin más ni
más. Tratamos de encontrar una respuesta, o algo que se le parezca, desde el
puro análisis del neófito que se arriesga a pensar.
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