miércoles, 10 de junio de 2026

 Caótico pero racional

 Las contradicciones y lo cotidiano

 




















La consciencia nos otorga el don de observar un mismo hecho desde innumerables perspectivas. Nos alineamos con ciertos pensamientos, mientras que otros gravitan hacia ideas contrarias. Lo que para uno es verdad, para otro puede parecer absurdo, y viceversa. Esta habilidad de percibir y comprender la diversidad de pensamientos es lo que nos permite adentrarnos en la complejidad de la experiencia humana, revelando cómo nuestras percepciones y creencias no solo moldean nuestra realidad, sino también nuestras relaciones con los demás.

Hay principios que son iguales para todos, sin importar en qué sitio se haya nacido y cómo se ha transitado la vida. Aun así, cada quien desarrolla una forma particular de comprensión sobre los acontecimientos.

 La teoría aquí tiene que ver con los diferentes niveles de consciencia del ser humano y que posiblemente sean la causa de estas contradicciones. Estas contradicciones, en muchos casos, también suelen enriquecer el conocimiento, puesto que tener puntos de vista contrarios es algo que le da mucho colorido a la vida.

 ¿Cómo podemos evaluar los diferentes niveles de consciencia en los seres humanos, cuando esta reside en un plano profundamente subjetivo? No existe, al menos en términos oficiales, una manera clara y universalmente aceptada de medirla. Incluso, basarnos en el nivel académico de quienes opinan, resulta problemático, ya que la academia suele formar a las personas para especializarse en aspectos específicos del quehacer humano, lo cual no necesariamente valida una opinión más allá de su campo de experticia. La consciencia, por su propia naturaleza, trasciende el conocimiento técnico, y su evaluación no puede limitarse a las credenciales académicas, sino que requiere una comprensión más holística y abierta a la diversidad de experiencias humanas.

 Se trata de buscar mucho más allá de la caja las posibles respuestas, o por lo menos hipótesis que se puedan considerar como prueba de que la lógica de lo absurdo tiene más que ver con el nivel de consciencia que con cualquier otro parámetro de nuestras vidas.

 Este tema se enfoca en descubrir de qué manera, como humanidad, hemos logrado desenvolvernos y progresar, a pesar de vivir inmersos en una maraña de contradicciones que se manifiestan en nuestras vidas sin que las advirtamos, aceptándolas como normales. De hecho, a menudo no sentimos la necesidad de ser coherentes, y dejamos pasar el momento en que una incoherencia surge, sin darle la debida atención.

 Tal vez esto ya haya sido analizado por eruditos, seguramente desde una perspectiva académica, estudios y pruebas rigurosas que permiten ser entendidas y tomadas como verdades incuestionables. Pero yo quiero analizarlo desde el punto de vista y la vivencia del ser humano común y corriente, que ejerce su derecho a pensar y asume el riesgo de ser objeto de burla por parte de aquellos expertos que creen tener el derecho de marcarnos el rumbo.

Es un hecho concreto que, a lo largo de los años, siempre nos han dicho cómo debemos pensar y en lo que debemos creer. Por supuesto, cuando tenemos una duda, recurrimos a los expertos; eso es lo racional. Sin embargo, hay temas como este que de vez en cuando comienzan a hacer eco en nuestras mentes y se presentan en nuestra pantalla de proyección constantemente. Es como algo que siempre ha estado allí, pero que no éramos conscientes.

La curiosidad por investigar en nosotros mismos nuestros niveles de incoherencia y su aceptación proviene de lo leído en los libros de Jacobo Grinberg-Zylberbaum, donde él narra su experiencia con una chamana mexicana llamada Bárbara Guerrero, conocida como “Pachita”. En uno de sus escritos, revela que fue testigo de cómo esta chamana materializaba cosas prácticamente del aire, sin que mediara absolutamente nada que pudiéramos llamar material entre sus manos, antes de la aparición del órgano que “Pachita” reemplazaba en las personas que la buscaban para una cura.

Jacobo Grinberg-Zylberbaum ofrece una explicación científica para este fenómeno al proponer que lo que consideramos como espacio vacío no es realmente vacío. Según él, el espacio está lleno de una materia que no podemos percibir debido a nuestro limitado nivel de consciencia. Este nivel, está condicionado por nuestra capacidad para mantener coherencia en nuestras percepciones y creencias. En otras palabras, nuestra percepción del vacío está influenciada por nuestros patrones de pensamiento y entendimiento del mundo, que en última instancia limitan nuestra capacidad para ver y entender realidades más allá de lo que podemos observar directamente.

 La teoría del no-espacio vacío de Grinberg-Zylberbaum también está apoyada por la llamada teoría de cuerdas y la teoría de las serpientes. Para entenderlo mejor, lo que llamamos espacios vacíos contiene una energía en forma de cuerdas o serpientes en estado puro. Dado que el universo en el que vivimos es fractalizado, es decir, que cada uno de los espacios que existen en este universo tiene la misma composición hasta en su ínfimo espacio, se entiende que la misma energía que está en el macro universo está en el micro.

 Una gota de agua salada contiene los mismos componentes que el océano, pero obviamente no es la totalidad del océano. De igual manera, en una pequeña porción de nuestra piel se puede obtener muestras de nuestro ADN, pero obviamente no es todo nuestro cuerpo. Esta es más o menos la explicación de lo que se entiende por fractal. Entonces, debemos entender, dado que en cualquier espacio se encuentran todas las características del macro universo, se deriva que la misma energía está imprimiéndolo todo, rodeándolo todo y componiéndolo todo.

 Esto no se trata de alcanzar elevados niveles de coherencia para hacer lo que hacía la chamana mexicana o tener la comprensión del Dr. Grinberg. Se trata de entender que elevados niveles de coherencia nos van a conducir hacia la comprensión de por qué aceptamos tantas contradicciones como hechos racionales. Por citar un ejemplo, aquellos que hablan de paz promoviendo la guerra y la violencia como único medio para alcanzarla. Incluso a ellos se les puede entender, pero ¿cómo entender a los millones de seres humanos que los apoyan, los idolatran y creen ciegamente en esos argumentos? ¿Qué hace que una persona no vea tamaña incoherencia en esos enunciados?

Es a través de la coherencia en nuestras mentes y conciencia que podemos tener un mejor entendimiento y explicación de por qué vivimos en una realidad tan caótica, en una sociedad erosionada y explosiva, dogmatizada por la carencia, cuando al mismo tiempo estamos en un lugar extremadamente abundante en todo sentido. ¿Qué hace que vivamos en una gran necesidad cuando lo tenemos absolutamente todo?

Lo reitero, este es un ejercicio, si se quiere, de pensamiento libre, donde no haya injerencia desde la experticia, que siempre tiende a encerrarlo todo dentro de elaborados conceptos que, por su mismo peso, son aceptados sin más ni más. Tratamos de encontrar una respuesta, o algo que se le parezca, desde el puro análisis del neófito que se arriesga a pensar.



No hay comentarios:

Publicar un comentario