Buscar la verdad es un acto consciente, no una cuestión bilógica
Este argumento puede ubicarse, a priori, en una discusión filosófica sobre
la naturaleza de la verdad y el papel de la consciencia en su búsqueda. A
diferencia de otros instintos humanos, impulsados por necesidades biológicas,
la búsqueda de la verdad requiere un nivel de consciencia que trasciende lo
puramente instintivo o biológico. Este acto consciente implica la capacidad de
cuestionar, reflexionar y discernir entre lo verdadero y lo falso,
especialmente si consideramos que nuestro cerebro tiende a aceptar la
información no porque sea verdadera, sino porque valida nuestras creencias,
emociones y juicios.
Como todo, este tema puede abordarse desde diversos ángulos. Entre los
precursores del Nuevo Pensamiento, como Neville Goddard, William Atkinson,
Emmet Fox e incluso Napoleon Hill, se estableció la idea de que, cuando una
persona desea algo, puede visualizarlo y diseñarlo en su mente de la manera más
completa posible, como si estuviera en un programa de realidad virtual
inmersiva. Con el tiempo, esta visualización se materializa a través de
cualquier forma que el universo decida expresar. De manera similar, en el
hermetismo se habla de la ley de atracción como una ley universal que postula
que, al asumir la condición que deseas alcanzar, esta eventualmente se
manifestará de manera física y real.
Engañar a nuestro cerebro es más común de lo que nos gustaría admitir ya
que, en última instancia, existen tantas realidades como observadores que las
contemplan. Por eso, para descubrir la verdad en cualquier evento, los seres
humanos deben actuar de manera consciente para saber de qué hilo tirar. Aunque
la evolución nos ha dotado de mecanismos biológicos para la supervivencia, la
búsqueda de la verdad es un proceso que trasciende dichos mecanismos,
convirtiéndose en un acto consciente e intencional.
La situación se complica cuando la información se utiliza para manipular
con intenciones encubiertas, convirtiendo al manipulado en un devoto consumidor
de falacias. La falta de pensamiento crítico y discernimiento nos convierte en
presas fáciles de cualquier argumento bien articulado cuyo propósito podría ser
convencernos de que lo correcto es, en realidad, perjudicial para nosotros.
Como siempre, al final del día nos damos cuenta de que nada sucede por
casualidad y que todo debe ser examinado bajo la lupa del cuestionamiento,
aunque sea solo para ejercitar la mente.
Nuestro cerebro no está diseñado para evolucionar de forma automática, sino
para mantenernos a salvo; por lo tanto, buscar la verdad se vuelve una decisión
que parte desde la toma de consciencia. Esto trae como consecuencia que
aprendemos a gestionar la disonancia que nos producen aquellos conceptos
contrarios a lo que creemos. Pero también nos aboca a cuestionar nuestros
propios sesgos de confirmación respecto a lo que ya hemos aceptado como
verdadero y auténtico, muchas veces solo porque nuestro cerebro se siente
cómodo en determinada creencia.
Al final del día, todo se circunscribe a la imperiosa y más importante
tarea en la que debemos estar empeñados siempre: el autoconocimiento.
https://fpescritor.com/

No hay comentarios:
Publicar un comentario